Rosario de Reparación, Misterios Gloriosos




Rosario en preparación de la Jornada de Oración y Penitencia por los pecados de cada uno de nosotros y especialmente los pecados y delitos de quienes se han consagrado a Dios, por los pecados cometidos contra la vida inocente, la vida en el vientre materno, contra la vida consagrada, contra la Fe y la moral cristiana, contra los templos, imágenes y signos religiosos; contra la familia según el plan de Dios, contra los pobres, ancianos, enfermos, los vulnerables, los migrantes y refugiados.

“La penitencia fue siempre un medio para obtener el perdón y la salvación. El pecado no sólo hiere el alma y la vida del prójimo y de la comunidad eclesial, sino sobre todo, hieren el Corazón del Señor y su infinito amor a los hombres. Por eso el primer perdón se debe pedir siempre a Dios. A lo largo de la Sagrada Escritura vemos cómo Dios exige que el pecador se aparte del pecado y se vuelva a Él. Este cambio no consiste solamente en evitar los pecados, sino también en el arrepentimiento de los cometidos, tanto por cada uno como pedir misericordia por los pecados ajenos, manifestado en obras de penitencia: Si el impío hiciera penitencia de todos sus pecados..., tendrá vida eterna y no morirá (Ez 18, 21). Jesús comenzará su misión pidiendo penitencia: haced penitencia porque está cerca el reino de los cielos (Mt 4, 17). Sin penitencia no se recibe su reino. Sin penitencia no hay posibilidad de conversión y quedamos prisioneros de nuestros sentidos, incapacitados para ver a Dios. Si no hacéis penitencia, dirá el Señor, todos igualmente pereceréis (cfr. Lc 13, 3).
"Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo (...). Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien «instar más en la oración» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 319), buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia".(Carta Obispo de San Bernardo, Chile).

Por la señal, de la Santa Cruz…

San Vicente de Paul, sacerdote francés del siglo XVII, fundador y promotor incansable de la caridad. Confiado en la intercesión de la Virgen decía: “Si se invoca a la Madre de Dios y se la toma como Patrona en las cosas importantes, no puede ocurrir sino que todo vaya bien y redunde en gloria del buen Jesús, su Hijo..”
Meditamos este rosario con sus pensamientos y lo ofrecemos para que cada uno de nosotros tomemos conciencia de la obligación de amar a Dios y al prójimo.


Señor mío Jesucristo... 


MISTERIOS GLORIOSOS

1.-La Resurrección del Señor.

“Nuestro Señor nos ha librado de esas dos muertes, no ya para que pudiéramos evitar la muerte, pues eso es imposible, pero nos libra de la muerte eterna por su gracia, y por su resurrección da vida a nuestros cuerpos, pues en la santa comunión recibimos el germen de la resurrección… Para imitarle, vosotras devolveréis la vida a las almas de esos pobres heridos con la instrucción, con vuestros buenos ejemplos, con las exhortaciones que les dirigiréis para ayudarles a bien morir o a recobrar la salud, si Dios quiere devolvérsela. En el cuerpo, les devolveréis la salud con vuestros remedios, cuidados y atenciones. Y así, mis queridas hermanas, haréis lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra.”

2.- La Ascensión del Señor

“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14, 23). Estas palabras del evangelio de hoy (día de Pentecostés), que nos hablan del amor, nos servirán de tema para hablar del amor que nuestro Señor pide de nosotros… Así lo haremos (entrar en este amor), si estamos animados por el Espíritu Santo, que es el amor que une a las personas de la Santísima Trinidad en sí misma y a las almas con la Santísima Trinidad. Hagamos para ello un acto interior, recurriendo a la Santísima Virgen y diciéndole: Sancta Maria, ora pro nobis… Si amamos a Nuestro Señor, seremos amados por su Padre (Jn 14, 21), que es tanto como decir que su Padre querrá nuestro bien, y esto de dos maneras: la primera, complaciéndose en nosotros, como un padre con su hijo; y la segunda, dándonos sus gracias, las de la fe, la esperanza y la caridad por la efusión de su Espíritu Santo, que habitará en nuestras almas (Rom 5, 5), lo mismo que se lo da hoy a los apóstoles, permitiéndoles hacer las maravillas que hicieron. La segunda ventaja de amar a Nuestro Señor consiste en que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo vienen al alma que ama a nuestro Señor (Jn 14, 23), lo cual tiene lugar: l.º por la ilustración de nuestro entendimiento; 2.º por los impulsos interiores que nos dan de su amor, por sus inspiraciones, por los sacramentos, etcétera. El tercer efecto del amor de nuestro Señor a las almas es que no sólo las ama el Padre, y vienen a ellas las tres divinas personas, sino que moran en ellas. El alma que ama a Nuestro Señor es la morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, donde el Padre engendra perpetuamente a su Hijo y donde el Espíritu Santo es producido incesantemente por el Padre y el Hijo.”

3.- La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María

“Sí, el Espíritu Santo, en cuanto su persona, se derrama sobre los justos y habita personalmente en ellos. Cuando se dice que el Espíritu Santo actúa en una persona, quiere decirse que este Espíritu, al habitar en ella, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que tenía Jesucristo en la tierra, y éstas le hacen obrar, no digo que con la misma perfección, pero sí según la medida de los dones de este divino Espíritu.”

4.- La Asunción de María Santísima a los Cielos

“Hijas mías, pongámonos bajo su dirección, prometamos entregarnos a su divino Hijo y a ella misma sin reserva alguna, a fin de que sea ella la guía de la Compañía en general y de cada una en particular.”

5.- la coronación de la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado.

“Santísima Virgen, tú que hablas por aquellos que no tienen lengua y no pueden hablar, te suplicamos, que asistas a esta pequeña Compañía. Continúa y acaba una obra que es la mayor del mundo; te lo pido por las presentes y por las ausentes. Y a ti, Dios mío, te suplico por los méritos de tu Hijo Jesucristo que acabes la obra que has comenzado.”


Actos de reparación, desagravio y perdón

Señor Jesús: Tú compartiste nuestra vida humana, alegrías y penas, y, sin acusarnos, por amor, cargaste con la responsabilidad de nuestras culpas para redimirnos. Ayúdanos a seguir tu ejemplo desde nuestra situación de pecadores redimidos. Ante Ti, Señor, nos sentimos sinceramente responsables de un mundo al que pertenecemos, que estamos contribuyendo a forjar, y con el que estamos comprometidos especialmente por tu amor. Avergonzados de nuestras obras, fruto del olvido o rechazo culpable de tus enseñanzas, te pedimos perdón y ayuda.

Perdón, Señor, perdón

– Por los sacrilegios, robos y blasfemias contra la Sagrada Eucaristía,
– Por tantos lugares del mundo donde los sacerdotes y fieles no pueden celebrar libremente la Santa Misa o se ven obligados a hacerlo en secreto por persecución.
 – Por las faltas de respeto e impiedad en las iglesias y ante el Sagrario
 – Por la dejadez y abandono al dejar de asistir a la Santa Misa dominical
– Por la omisión en tantos bautizados al rechazar la confesión y comunión por Pascua
– Por las faltas de inconsciencia en familiares de personas moribundas al dejar que fallezcan sin la asistencia de los sacramentos
– Por la despreocupación respecto de la primera y frecuente Comunión de los niños
– Por las comuniones tibias y frías
– Por las comuniones sacrílegas
Por los sacerdotes que celebran la Santa Misa en condiciones personales inadecuadas, o por enseñar una vida litúrgica y eucarística contraria a la que manda la Iglesia
– Por la conciliación de la Misa y la recepción de la Sagrada Comunión con vidas incoherentes y vacías de fervor,
– Por la persecución sistemática, violenta o solapada, de los sacerdotes, fieles y personas cristianas que confiesan su Fe en Cristo.


Oración: Señor nuestro, Jesucristo, que has querido permanecer en el Sacramento hasta la consumación de los siglos para dar a tu Padre una gloria infinita y a nosotros el aliento de la inmortalidad; que te has expuesto a todos los ultrajes de los impíos antes de abandonar a tu Iglesia; concédenos la gracia de llorar con verdadero dolor los ultrajes y descuidos que cometen los hombres contra el mayor de los sacramentos, danos celo eficaz para reparar los oprobios que has sufrido en este misterio inefable. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unión del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


Alabanzas de Desagravio

Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Amen.




ORACIONES DE DESAGRAVIO

Por tanto que se ofende a Dios, hagamos reparación y desagravio. Pidamos perdón y misericordia.

Acto de desagravio

(Después de cada invocación se responde:
"te rogamos, escúchanos")

Señor perdona todos los sacrilegios eucarísticos.

Señor perdona todas las santas comuniones indignamente recibidas.

Señor perdona todas las profanaciones al santísimo sacramento del altar.

Señor perdona todas las irreverencias en la Iglesia.

Señor perdona todas las profanaciones, desprecios y abandono de los sagrarios.

Señor perdona todos los que han abandonado la iglesia.

Señor perdona todo desprecio de los objetos sagrados.

Señor perdona todos los que pasaron a las filas de tus enemigos

Señor perdona todos los pecados del ateismo

Señor perdona todos los insultos a tu santo nombre.

Señor perdona toda la frialdad e indiferencia contra tu amor de redentor

Señor perdona todas las irreverencias y calumnias contra el Santo Padre

Señor perdona todo desprecio de los obispos y sacerdotes.

Señor perdona todo desprecio hacia la santidad de la familia.

Señor perdona todo desprecio a la vida humana.



ACTO DE DESAGRAVIO COMPUESTO 
POR S.S. PÍO XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.







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