Escapulario del Carmen, Conagración interior a María 5
DIA QUINTO
Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos.
Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
DIA QUINTO
¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para defender a los Carmelitas, tus hijos, cuando se intentaba extinguir la sagrada Religión del Carmen, mostrando siempre el amor y singular predilección con que los amparas, mandaste al Sumo Pontífice, Honorio III, los recibiese benignamente y confirmase su instituto, dándole por señal de que esta era tu voluntad y la de tu divino Hijo, la repentina muerte de dos que especialmente la contradecían. Te ruego, Señora, me defiendas de todos mis enemigos de alma y cuerpo, para que con quietud y paz viva siempre en el santo servicio de Dios y tuyo. Amén.
DIA QUINTO
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En Hábito Carmelitano
Gálatas 3, 26-29
En efecto, todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús. Si vosotros sois de Cristo, sois también descendencia de Abrahán, herederos según la promesa.
Despojados Adán y Eva del hábito glorioso de gracia original que les vestía, vienen a vestirse con «hojas de higuera» o con «pieles» corruptibles. «Ésa fue la ganancia del engaño diabólico» (S. Juan Crisóstomo, Hom. in Genes. 16,5). Por eso Dios «les mandó vestirse con túnica de pieles en memoria perpetua de su desobediencia» (18,1; +S. Ambrosio, De Isaac 5,43).
Moisés instruido por Dios debió proveer de vestiduras a su hermano Aarón: "De entre los israelitas, convocan a tu hermano Aarón ya sus hijos para que sean mis sacerdotes : Aarón y sus hijos Nadab de Aarón, Abiú, Eleazar e Itamar. Para su hermano Aarón harás vestiduras sagradas para dar dignidad y magnificencia." (Éxodo 28, 1- 3)
En Cristo Salvador, el hombre va a recuperar el hábito de la gracia habitual santificante, y va a revestirse así de una nueva dignidad, por la que recupera y aun supera la dignidad perdida. Y así el bautismo dice: «cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido de Cristo» (Gál 3,27; +Rm 13,14; Ef 4,22-24; Col 3,9-10).
En la teología y espiritualidad católica, el hábito religioso es un signo exterior de consagración y renuncia a las cosas del mundo, y de "la vestimenta de la gracia" y de la realidad espiritual e invisible de pureza, santidad y vida divina que Dios otorga al alma.
Pues debe manifestar que por Cristo y su Iglesia, ya no esta desnuda el alma de quien por el Bautismo fue revestido por la gracia de la filiación divina, pues el Señor ofreció su sangre para consagrarlo como sacerdote, rey y profeta. Pero el hábito religioso se constituye en un signo externo de una dedicación vital y de una consagración plena al servicio de cuerpo y alma del plan de salvación de la humanidad, para la gloria de Dios.
El hábito tradicional de las Carmelitas Descalzas es el mismo que vestía su fundadora Santa Teresa de Jesús: túnica del característico color carmelita, sujeta con una correa, toca larga y, encima de ella, un escapulario con un escote.
El hábito es un vestido marrón La costura hacia el medio es el "troussis", donde se usa un pliegue de tela en la parte posterior para alargar el vestido en caso de uso.
En la parte inferior del vestido, una cinta (la pieza del talón) protege el dobladillo del desgaste. Los pliegues de la parte superior del vestido de la izquierda servían para insertar el crucifijo de profesión (pliegue inclinado) y el otro servía de reserva de alfileres. ¡Un vestido muy incómodo!
El pensamiento de Santa Teresa de Ávila, en la valoración del hábito carmelita, va de lo material a lo espiritual, de la prenda física a su contenido simbólico.
Lo material lo presenta ella con gran meticulosidad en sus Constituciones (4,2): ‘El vestido [de la carmelita] sea de jerga o sayal negro. Y échese el menos sayal que se pueda para ser hábito; la manga angosta, no más en la boca que en el principio, sin pliegue, redondo, no más largo detrás que delante, y que llegue hasta los pies. Y el escapulario de lo mismo, cuatro dedos más alto que el hábito. La capa de coro de la misma jerga blanca… Sean las tocas de sedeña y no plegadas. Túnicas de estameña… El calzado, alpargatas…’
Sin embargo, también se preocupa por la selección de quienes han de tomar el hábito religioso: ‘Mírese mucho… que sean personas de oración y que pretendan toda perfección y menosprecio del mundo. Porque si no vienen desasidas de él, podrán mal llevar lo que aquí se lleva… Y que tengan salud y entendimiento…’ (Constituciones 6,1)
Letanía de la Humildad
(del Cardenal Merry del Val)
¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser estimado,
Líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado...
Del deseo de ser exaltado...
Del deseo de ser honrado...
Del deseo de ser alabado...
Del deseo de ser preferido a otros...
Del deseo de ser consultado...
Del deseo de ser aprobado...
Del miedo a ser humillado...
Del miedo a ser despreciado...
Del miedo a sufrir reprensiones...
Del miedo a ser calumniado...
Del miedo a ser olvidado...
Del miedo a ser ridiculizado...
Del miedo a ser agraviado...
Del miedo a ser sospechado...
Que otros sean amados más que yo,
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Que otros sean estimados más que yo...
Que, en la opinión del mundo,
otros aumenten y yo disminuya...
Que otros sean escogidos y yo puesto aparte...
Que otros sean alabados y yo desapercibido...
Que otros sean preferidos a mí en todo...
Que otros se hagan más santos que yo, con tal de que yo me haga tan santo como debo...
Oración a Nuestra Señora del Carmen
(Monseñor Ramón Ángel Jara)
¡Oh Virgen Santísima del Carmen!. Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado.
Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David. defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos.
Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación.
Apartad de nuestras ciudades los terremotos incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.
Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.
¡Oídnos pues, Reina y Madre Clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismos amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.
¡Virgen del Carmen Reina de Chile,
salva a tu pueblo que clama a ti!
GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN
(Se han rezado en Chile, desde antes de 1837,
sobre todo los días Miércoles)
Pues la eterna Majestad,
Nos dio en Vos tanto consuelo,
Virgen Santa del Carmelo
Válganos vuestra piedad
Dios os salve, gran Señora,
A quien el cielo y la tierra
Por su gran reina venera,
Y reverencia, y honora;
Pues vuestro poder implora
De reina, nuestra humildad.
Virgen Santa del Carmelo
Válganos vuestra piedad
Dios os salve, Virgen Madre,
Tan tierna y tan amorosa,
Que siempre os ven cariñosa
Los hijos del primer padre;
Y pues vuestro pecho abre
Los tesoros de bondad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Eva y Adán, delincuentes
Se hicieron por el pecado,
Y como herencia han dejado
La muerte a sus descendientes;
Pero vos de los vivientes
Sois vida con propiedad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Sois del alma la dulzura
Que la embelesa y encanta,
Y sus potencias levanta
A admirar vuestra hermosura;
Para que nuestra amargura
Temple vuestra suavidad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Vos sois la Ester toda hermosa,
De vuestro pueblo esperanza
Que a librar por Vos alcanza
De la muerte rigurosa;
Y pues sois tan poderosa
Con la Augusta Majestad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Los hijos de Eva ocurrimos
Y en vuestro amparo esperamos,
En el destierro en que estamos,
Esa patria que perdimos
Que nos alcancéis pedimos
Nuestra amada libertad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
A Vos Madre, suspiramos,
Con gemidos y sollozos,
Porque no puede haber gozos
En el valle en que lloramos;
Y pues por vos esperamos
Consuelo en nuestra orfandad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
¡Oh Protectora divina!,
¡Oh consuelo celestial!,
¡Oh refugio universal!,
¡Oh belleza peregrina!,
Pues del alma medicina
Sois en toda enfermedad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
V.- Ruega por nosotros Madre de Dios del Carmelo
R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
VIRGEN DEL CARMEN BELLA.
Virgen del Carmen bella,
Madre del Salvador;
de tus amantes hijos
oye el cantar de amor.
DIOS TE SALVE MARÍA
DEL CARMEN BELLA FLOR;
ESTRELLA QUE NOS GUÍAS
HACIA EL SOL DEL SEÑOR.
Junto a ti nos reúnes,
nos llamas con tu voz:
quieres formar de Chile
un pueblo para Dios.
Somos un pueblo en marcha,
en busca de la luz:
guíanos Madre nuestra,
llévanos a Jesús.
Haznos cristianos, Madre,
cristianos de verdad:
gente de fe sincera,
de viva caridad.





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