Escapulario del Carmen, Consagración interior a María 6

 





DIA QUINTO





Invocación al Espíritu Santo


Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.

Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos.

Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.

Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro.

Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.

Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.

Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.

Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.










DIA SEXTO


¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para señalar a los Carmelitas por especiales hijos tuyos, los enriqueciste con la singular prenda del santo Escapulario, vinculando en él tantas gracias y favores para con los que devotamente lo visten y cumpliendo con sus obligaciones, procuran vivir de manera que imitando tus virtudes, muestran que son tus hijos. Te ruego, Señora, me alcances la gracia de vivir siempre como verdadero cristiano y cofrade amante del santo escapulario, a fin de que merezca lograr los frutos de esta hermosa devoción. Amén.














DIA SEXTO

 _________

El Escapulario



1 Pedro 3, 3-4

 "Tu adorno no debe ser externo, consistente en cabello trenzado, joyas de oro o ropa fina, sino la disposición interior del corazón, que consiste en la cualidad imperecedera de un espíritu apacible y tranquilo, tan preciosa a los ojos de Dios."




El escapulario es una pieza del hábito religioso que representa la consagración a Dios, la protección de la Virgen María y el "yugo de Cristo". Originalmente, era un delantal largo que los monjes usaban sobre los hombros para trabajar sin ensuciar la túnica.

 A lo largo de los siglos, esta prenda monástica evolucionó hacia un escapulario reducido, reservado a los laicos que deseaban compartir espiritualmente las gracias de una orden religiosa concreta, sin vivir en un monasterio. El más antiguo y famoso de estos escapularios es el de Nuestra Señora del Carmen, también conocido como el Escapulario Marrón.

Según la tradición carmelita, la Virgen María se apareció el 16 de julio de 1251 a San Simón Stock, superior general de la orden carmelita, que por entonces atravesaba grandes dificultades. Le entregó un escapulario y le dijo:

"Este es el signo de la salvación. Quien muera vestido con este escapulario no sufrirá las llamas eternas"





El escapulario sacramental es una oda a esta visión del trabajo, ya que nace de los hombros de los obreros para trabajar en la viña de Dios en la tierra.

El escapulario es un sacramental que se lleva en la parte exterior del hábito de las órdenes religiosas monásticas. Otras órdenes y congregaciones religiosas, cuyo estilo de vida no es eremítico, también han adoptado el escapulario como parte de su hábito.

El escapulario tradicional que han usado los monjes consiste en una pieza rectangular de lino, no más ancha que los hombros, que cubre la parte delantera y trasera del cuerpo. Es de esta forma de llevarlo sobre los hombros —scapula en latín— de donde proviene el nombre del sacramental. Con una pequeña abertura para la cabeza en el centro, el escapulario tradicional llega casi hasta los pies, tanto por delante como por detrás.










Esta vestimenta religiosa comenzó siendo práctica. Los ermitaños y quienes vivían en comunidades religiosas la adoptaron como parte de su hábito religioso, sirviendo como prenda adecuada para realizar trabajos manuales. Mantenía su hábito limpio de polvo y suciedad, casi como un babero que protege a un niño pequeño de la comida mientras come. Los estilos populares cambiaron, pero, aferrándose a sus tradiciones, estos ermitaños y religiosos trabajadores se identificaron con esta prenda rectangular, conservándola así como un signo de sus labores espirituales y corporales. Alrededor del siglo XI, el escapulario se convirtió en una forma distintiva de identificar a un monje u otro religioso.

Por ello, la Regla de San Benito incluía el escapulario «scapulare propter opera », o «el escapulario por las obras». A medida que su uso se consolidó en el hábito de las órdenes religiosas, el simbolismo pasó de sugerir el trabajo a representar la vestimenta icónica del monje. En algunas órdenes religiosas, los lados del escapulario se atan bajo los brazos. Otras incluían una tela extendida que cubría la parte superior del bíceps, formando la figura de una cruz. Otros escapularios tradicionales incluyen una capucha que se lleva sobre la cabeza. La Iglesia asocia estrechamente el escapulario con el yugo de Cristo, recordando las promesas divinas de trabajar por el reino y la salvación del alma. Por ello, se elevó a la categoría de sacramental. En los antiguos rituales de bendición de los escapularios, se les denominaba así «yugo de Cristo», término que aún se conserva en el Ritual Romano.


Los miembros laicos de estas órdenes religiosas —conocidos como terciarios o miembros de la «tercera orden»— también comenzaron a adoptar el escapulario. Hoy en día, a un terciario dominico, por ejemplo, se le entrega un escapulario de aproximadamente 7,6 cm x 6,3 cm. Esta práctica se originó con el piadoso deseo de ser enterrado con el hábito de la orden, autorizado en las primeras reglas terciarias de las órdenes mendicantes franciscanas y dominicas, y posteriormente, también para los oblatos de las comunidades benedictinas. Estos preceptos aún se permiten hoy en día con la debida autorización. 




















Letanía de la Humildad

(del Cardenal Merry del Val)


¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, óyeme.

Del deseo de ser estimado,

Líbrame, Jesús.

Del deseo de ser amado...

Del deseo de ser exaltado...

Del deseo de ser honrado...

Del deseo de ser alabado...

Del deseo de ser preferido a otros...

Del deseo de ser consultado...

Del deseo de ser aprobado...

Del miedo a ser humillado...

Del miedo a ser despreciado...

Del miedo a sufrir reprensiones...

Del miedo a ser calumniado...

Del miedo a ser olvidado...

Del miedo a ser ridiculizado...

Del miedo a ser agraviado...

Del miedo a ser sospechado...

Que otros sean amados más que yo,

Jesús, concédeme la gracia de desearlo.

Que otros sean estimados más que yo...

Que, en la opinión del mundo,

otros aumenten y yo disminuya...

Que otros sean escogidos y yo puesto aparte...

Que otros sean alabados y yo desapercibido...

Que otros sean preferidos a mí en todo...

Que otros se hagan más santos que yo, con tal de que yo me haga tan santo como debo...











Oración a Nuestra Señora del Carmen

(Monseñor Ramón Ángel Jara) 


¡Oh Virgen Santísima del Carmen!. Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. 

Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David. defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos. 

Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación. 

Apartad de nuestras ciudades los terremotos incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.

Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio. 

¡Oídnos pues, Reina y Madre Clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismos amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.



¡Virgen del Carmen Reina de Chile,

 salva a tu pueblo que clama a ti! 








GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN


(Se han rezado en Chile, desde antes de 1837, 

sobre todo los días Miércoles)


Pues la eterna Majestad,

Nos dio en Vos tanto consuelo,

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, gran Señora, 

A quien el cielo y la tierra 

Por su gran reina venera, 

Y reverencia, y honora; 

Pues vuestro poder implora 

De reina, nuestra humildad. 

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, Virgen Madre, 

Tan tierna y tan amorosa, 

Que siempre os ven cariñosa 

Los hijos del primer padre; 

Y pues vuestro pecho abre 

Los tesoros de bondad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Eva y Adán, delincuentes 

Se hicieron por el pecado, 

Y como herencia han dejado 

La muerte a sus descendientes; 

Pero vos de los vivientes 

Sois vida con propiedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Sois del alma la dulzura 

Que la embelesa y encanta, 

Y sus potencias levanta 

A admirar vuestra hermosura; 

Para que nuestra amargura 

Temple vuestra suavidad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Vos sois la Ester toda hermosa, 

De vuestro pueblo esperanza 

Que a librar por Vos alcanza 

De la muerte rigurosa; 

Y pues sois tan poderosa 

Con la Augusta Majestad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Los hijos de Eva ocurrimos 

Y en vuestro amparo esperamos, 

En el destierro en que estamos, 

Esa patria que perdimos 

Que nos alcancéis pedimos 

Nuestra amada libertad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


A Vos Madre, suspiramos, 

Con gemidos y sollozos, 

Porque no puede haber gozos 

En el valle en que lloramos; 

Y pues por vos esperamos 

Consuelo en nuestra orfandad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


¡Oh Protectora divina!, 

¡Oh consuelo celestial!, 

¡Oh refugio universal!, 

¡Oh belleza peregrina!, 

Pues del alma medicina 

Sois en toda enfermedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


V.- Ruega por nosotros Madre de Dios del Carmelo

R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.












VIRGEN DEL CARMEN BELLA.


Virgen del Carmen bella,

Madre del Salvador;

de tus amantes hijos

oye el cantar de amor.


DIOS TE SALVE MARÍA

DEL CARMEN BELLA FLOR;

ESTRELLA QUE NOS GUÍAS

HACIA EL SOL DEL SEÑOR.


Junto a ti nos reúnes,

nos llamas con tu voz:

quieres formar de Chile

un pueblo para Dios.


Somos un pueblo en marcha,

en busca de la luz:

guíanos Madre nuestra,

llévanos a Jesús.


Haznos cristianos, Madre,

cristianos de verdad:

gente de fe sincera,

de viva caridad.



























Comentarios