Escapulario del Carmen, Consagración interior a María 3





Novena del Carmen







Señal de la Cruz...


Invocación al Espíritu Santo


Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.

Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos.

Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.

Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro.

Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.

Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.

Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.

Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.







Día Tercero

¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que te dignaste admitir con singular amor el obsequio filial de los Carmelitas, que entre todos los mortales fueron los primeros que en tu honor edificaron un templo en el Monte Carmelo, donde concurrían fervorosos a darte culto y alabanza. Te ruego, Señora, me alcances sea mi alma templo vivo de la Majestad de Dios, adornado de todas las virtudes, donde El habite siempre amado, adorado y alabado por mi, sin que jamás le ocupen los afectos desordenados de lo temporal y terreno. Amén.












DIA TERCERO

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Llena de Gracia -  Monte del Carmelo



Lucas 1, 26-38

"En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo.

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó."










Dice Benedicto XIV (9 de enero de 2013):  «El Verbo se hizo carne» (Jn 1, 14). Aquí, la palabra «carne», según el uso hebreo, indica el hombre en su integridad, todo el hombre, pero precisamente bajo el aspecto de su caducidad y temporalidad, de su pobreza y contingencia. Esto para decirnos que la salvación traída por el Dios que se hizo carne en Jesús de Nazaret toca al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en que se encuentre. Dios asumió la condición humana para sanarla de todo lo que la separa de Él, para permitirnos llamarle, en su Hijo unigénito, con el nombre de «Abbá, Padre» y ser verdaderamente hijos de Dios. San Ireneo afirma: «Este es el motivo por el cual el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, entrando en comunión con el Verbo y recibiendo de este modo la filiación divina, llegara a ser hijo de Dios»

Todo fue ordenado en el designio divino para ese momento. Desde la creación, primer acto del amor de Dios con que inicia la historia, todo preparaba el mundo en que nacería Jesús: la creación de Adán, imagen de Dios, figura de Cristo, pasando por el pecado de los primeros padres, por Abraham y las promesas, por Moisés y la Antigua Alianza. Todo esperaba al Mesías Salvador. Llegada la hora por Él establecida, el Padre envía a su Hijo al mundo. El Verbo de Dios se hace carne. Es decir, el que es espíritu purísimo se hace material, el que es eterno se hace temporal, el que es inmortal se hace mortal.

Situémonos en el interior del convento de La Encarnación, la verdadera escuela de la espiritualidad carmelitana se encuentra en este encuentro entre la precariedad de la condición humana y la misericordia de Dios que se abaja (o anonada) asemejándose en todo a nosotros menos en el pecado, para que así pueda el ser humano por Cristo, con Él y en Él, abrazar la vida en Dios, en los brazos de María. La orden del Carmen, a la que pertenecía el convento, había nacido en Palestina, tierra de Jesús y de María en los comienzos del siglo XIII; sus primeros frailes observaron una Regla que obligaba a vivir “en obsequio de Jesucristo”. Por eso los teólogos de la orden, desde muy temprano, proclamaron que el Carmelo era Todo de  María. 










  La Madre Teresa, cuando pensó en renovar la orden del Carmen, recordó con nostalgia la vida de ascesis y oración contemplativa de aquellos antiguos ermitaños del Monte Carmelo y en ellos se miró como en un espejo lejano, soñó con aquellas soledades llenas de misteriosas resonancias y quiso implantarlas en su primer convento, el de San José, y después en las demás fundaciones de monjas y de frailes, ellas para orar y contemplar y ellos para idéntico quehacer y para extender el reino de Dios en las múltiples acciones apostólicas.
El título que da a María es muy significativo y va mucho más allá del oficial asignado a su Reforma: “Señora y Patrona” del Carmelo”. En consecuencia, todo lo que pertenece a la vida de la Reforma hace referencia a María del Monte Carmelo: el hábito, que indignamente viste; las casas que funda, la Regla de vida a cuyos orígenes quiere volver para “renovarla”, los conventos de su Reforma son “palomarcitos” de la Virgen, los miembros del Carmelo reformado, monjas y frailes, todo es una prueba evidente de que la Reforma está consagrada a María. Así lo reconoce un antiguo texto legislativo:
Dos virtudes morales muy características en la Virgen, son la humildad y la pobreza, que hasta en el Magnificat ensalza María (cf CE 19,3).
Humilde es María en el nacimiento de Jesús (cf C 16,2). Y por eso habrá siempre que imitarla (cf C 13,3). Humilde es María en la Presentación de Jesús en el Templo (cf C 31,2). María es también humilde porque sabe preguntar. Por eso es más sabia que nadie (cf Conc 6,7).
Santa Teresa afirma que trae el hábito de la Virgen y también sus hijas, aunque sea indignamente. «Cuyo hábito traigo» o «cuyo hábito traemos o llevamos» es una frase muy suya y muy repetida, para significar su filiación y pertenencia a la Familia de la Virgen del Monte Carmelo. 









Letanía de la Humildad

(del Cardenal Merry del Val)


¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, óyeme.

Del deseo de ser estimado,

Líbrame, Jesús.

Del deseo de ser amado...

Del deseo de ser exaltado...

Del deseo de ser honrado...

Del deseo de ser alabado...

Del deseo de ser preferido a otros...

Del deseo de ser consultado...

Del deseo de ser aprobado...

Del miedo a ser humillado...

Del miedo a ser despreciado...

Del miedo a sufrir reprensiones...

Del miedo a ser calumniado...

Del miedo a ser olvidado...

Del miedo a ser ridiculizado...

Del miedo a ser agraviado...

Del miedo a ser sospechado...

Que otros sean amados más que yo,

Jesús, concédeme la gracia de desearlo.

Que otros sean estimados más que yo...

Que, en la opinión del mundo,

otros aumenten y yo disminuya...

Que otros sean escogidos y yo puesto aparte...

Que otros sean alabados y yo desapercibido...

Que otros sean preferidos a mí en todo...

Que otros se hagan más santos que yo, con tal de que yo me haga tan santo como debo...









Oración a Nuestra Señora del Carmen

(Monseñor Ramón Ángel Jara) 


¡Oh Virgen Santísima del Carmen!. Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. 

Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David. defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos. 

Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación. 

Apartad de nuestras ciudades los terremotos incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.

Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio. 

¡Oídnos pues, Reina y Madre Clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismos amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.



¡Virgen del Carmen Reina de Chile,

 salva a tu pueblo que clama a ti! 







GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN


(Se han rezado en Chile, desde antes de 1837, 

sobre todo los días Miércoles)


Pues la eterna Majestad,

Nos dio en Vos tanto consuelo,

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, gran Señora, 

A quien el cielo y la tierra 

Por su gran reina venera, 

Y reverencia, y honora; 

Pues vuestro poder implora 

De reina, nuestra humildad. 

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, Virgen Madre, 

Tan tierna y tan amorosa, 

Que siempre os ven cariñosa 

Los hijos del primer padre; 

Y pues vuestro pecho abre 

Los tesoros de bondad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Eva y Adán, delincuentes 

Se hicieron por el pecado, 

Y como herencia han dejado 

La muerte a sus descendientes; 

Pero vos de los vivientes 

Sois vida con propiedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Sois del alma la dulzura 

Que la embelesa y encanta, 

Y sus potencias levanta 

A admirar vuestra hermosura; 

Para que nuestra amargura 

Temple vuestra suavidad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Vos sois la Ester toda hermosa, 

De vuestro pueblo esperanza 

Que a librar por Vos alcanza 

De la muerte rigurosa; 

Y pues sois tan poderosa 

Con la Augusta Majestad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Los hijos de Eva ocurrimos 

Y en vuestro amparo esperamos, 

En el destierro en que estamos, 

Esa patria que perdimos 

Que nos alcancéis pedimos 

Nuestra amada libertad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


A Vos Madre, suspiramos, 

Con gemidos y sollozos, 

Porque no puede haber gozos 

En el valle en que lloramos; 

Y pues por vos esperamos 

Consuelo en nuestra orfandad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


¡Oh Protectora divina!, 

¡Oh consuelo celestial!, 

¡Oh refugio universal!, 

¡Oh belleza peregrina!, 

Pues del alma medicina 

Sois en toda enfermedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


V.- Ruega por nosotros Madre de Dios del Carmelo

R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.










VIRGEN DEL CARMEN BELLA.


Virgen del Carmen bella,

Madre del Salvador;

de tus amantes hijos

oye el cantar de amor.


DIOS TE SALVE MARÍA

DEL CARMEN BELLA FLOR;

ESTRELLA QUE NOS GUÍAS

HACIA EL SOL DEL SEÑOR.


Junto a ti nos reúnes,

nos llamas con tu voz:

quieres formar de Chile

un pueblo para Dios.


Somos un pueblo en marcha,

en busca de la luz:

guíanos Madre nuestra,

llévanos a Jesús.


Haznos cristianos, Madre,

cristianos de verdad:

gente de fe sincera,

de viva caridad.










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