Escapulario del Carmen, Consagración interior a María 4

 




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Señal de la Cruz...


Invocación al Espíritu Santo


Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.

Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos.

Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.

Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro.

Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.

Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.

Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.

Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.







Día Cuarto

¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para mostrar tu especialísimo amor a los Carmelitas les honraste con el dulce nombre de hijos y hermanos tuyos, alentando con tan singular favor su confianza, para buscar en ti, como en amorosa Madre, el remedio, el consuelo y el amparo en todas sus necesidades y aflicciones, moviéndoles a la imitación de tus excelsas virtudes. Te ruego, Señora, me mires, como amorosa Madre y me alcances la gracia de imitarte, de modo que dignamente pueda yo ser llamado también hijo tuyo, y que mi nombre sea inscrito en el libro de la predestinación de los hijos de Dios y hermanos de mi Señor Jesucristo. Amén.










DIA CUARTO
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Virgen del Carmen - Flor del Carmelo


Hechos 1,14; 2,1-4

Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. 
 Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.






Los Ermitaños del Monte Carmelo interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma.
 Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.
Las diversas generaciones del Carmelo, desde su origen hasta hoy, en su itinerario hacia el "monte de la salvación, Jesucristo nuestro Señor" (Misal romano, oración colecta de la misa en honor de la Virgen del Carmen, 16 de julio), han tratado de modelar su vida según el ejemplo de María.
Por eso en el Carmelo, y en toda alma impulsada por un tierno afecto hacia la Virgen y Madre santísima, florece la contemplación de aquella que, desde el principio, supo estar abierta a la escucha de la palabra de Dios y acatar su voluntad (cf. Lc 2, 19. 51). En efecto, María,  educada y  modelada por el Espíritu (cf. Lc 2, 44-50),  fue capaz de leer en la fe su propia historia (cf. Lc 1, 46-55) y, dócil a las inspiraciones divinas, "avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie (cf. Jn 19, 25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre" (Lumen gentium, 58).










La contemplación de la Virgen nos la presenta mientras, como Madre solícita, ve crecer a su Hijo en Nazaret (cf. Lc 2, 40. 52), lo sigue por los caminos de Palestina, lo asiste en las bodas de Caná (cf. Jn 2, 5) y, al pie de la cruz, se convierte en la Madre  unida a su ofrenda y donada a todos los hombres en la entrega que el mismo Jesús hace de ella a su discípulo predilecto (cf. Jn 19, 26). Como Madre de la Iglesia, la Virgen santísima está unida a los discípulos y "persevera en la oración" (cf. Hch 1, 14), y, como Mujer nueva que anticipa en sí lo que se realizará un día para todos nosotros en la fruición plena de la vida trinitaria, es elevada al cielo, desde donde extiende el manto de protección de su misericordia sobre sus hijos peregrinos hacia el monte santo de la gloria.  


Esa actitud contemplativa de la mente y del corazón lleva a admirar la experiencia de fe y de amor de la Virgen, que ya vive en sí cuanto todo fiel desea y espera realizar en el misterio de Cristo y de la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, 103; Lumen gentium, 53).  María, la Virgen Madre de Dios y de los hombres, no sólo es un modelo a imitar, sino también una dulce presencia de Madre. Con razón santa Teresa de Jesús exhortaba: "Imitad a María y considerad qué tal debe ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por Patrona" (Castillo interior, III, 1, 3).









  Esta intensa vida mariana, que se manifiesta en una oración confiada, en una alabanza entusiasta y en una imitación diligente, lleva a comprender que la forma más auténtica de devoción a la Virgen santísima, expresada mediante el humilde signo del escapulario, es la consagración a su Corazón Inmaculado (cf. Pío XII, Neminem profecto latet, 11 de febrero de 1950:  AAS 42 [1950], 390-391; Lumen gentium, 67). En el corazón se realizan así una comunión y una familiaridad cada vez mayores con la Virgen santísima, «como "nueva manera" de vivir para Dios y continuar aquí en la tierra el amor del Hijo Jesús a su madre María» (San Juan Pablo II,Meditación mariana a la hora del Ángelus, 24 de julio de 1988, n. 2:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 31 de julio de 1988, p. 1). 









Letanía de la Humildad

(del Cardenal Merry del Val)


¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, óyeme.

Del deseo de ser estimado,

Líbrame, Jesús.

Del deseo de ser amado...

Del deseo de ser exaltado...

Del deseo de ser honrado...

Del deseo de ser alabado...

Del deseo de ser preferido a otros...

Del deseo de ser consultado...

Del deseo de ser aprobado...

Del miedo a ser humillado...

Del miedo a ser despreciado...

Del miedo a sufrir reprensiones...

Del miedo a ser calumniado...

Del miedo a ser olvidado...

Del miedo a ser ridiculizado...

Del miedo a ser agraviado...

Del miedo a ser sospechado...

Que otros sean amados más que yo,

Jesús, concédeme la gracia de desearlo.

Que otros sean estimados más que yo...

Que, en la opinión del mundo,

otros aumenten y yo disminuya...

Que otros sean escogidos y yo puesto aparte...

Que otros sean alabados y yo desapercibido...

Que otros sean preferidos a mí en todo...

Que otros se hagan más santos que yo, con tal de que yo me haga tan santo como debo...









Oración a Nuestra Señora del Carmen

(Monseñor Ramón Ángel Jara) 


¡Oh Virgen Santísima del Carmen!. Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. 

Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David. defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos. 

Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación. 

Apartad de nuestras ciudades los terremotos incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.

Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio. 

¡Oídnos pues, Reina y Madre Clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismos amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.



¡Virgen del Carmen Reina de Chile,

 salva a tu pueblo que clama a ti! 







GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN


(Se han rezado en Chile, desde antes de 1837, 

sobre todo los días Miércoles)


Pues la eterna Majestad,

Nos dio en Vos tanto consuelo,

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, gran Señora, 

A quien el cielo y la tierra 

Por su gran reina venera, 

Y reverencia, y honora; 

Pues vuestro poder implora 

De reina, nuestra humildad. 

Virgen Santa del Carmelo

Válganos vuestra piedad 


Dios os salve, Virgen Madre, 

Tan tierna y tan amorosa, 

Que siempre os ven cariñosa 

Los hijos del primer padre; 

Y pues vuestro pecho abre 

Los tesoros de bondad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Eva y Adán, delincuentes 

Se hicieron por el pecado, 

Y como herencia han dejado 

La muerte a sus descendientes; 

Pero vos de los vivientes 

Sois vida con propiedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Sois del alma la dulzura 

Que la embelesa y encanta, 

Y sus potencias levanta 

A admirar vuestra hermosura; 

Para que nuestra amargura 

Temple vuestra suavidad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Vos sois la Ester toda hermosa, 

De vuestro pueblo esperanza 

Que a librar por Vos alcanza 

De la muerte rigurosa; 

Y pues sois tan poderosa 

Con la Augusta Majestad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


Los hijos de Eva ocurrimos 

Y en vuestro amparo esperamos, 

En el destierro en que estamos, 

Esa patria que perdimos 

Que nos alcancéis pedimos 

Nuestra amada libertad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


A Vos Madre, suspiramos, 

Con gemidos y sollozos, 

Porque no puede haber gozos 

En el valle en que lloramos; 

Y pues por vos esperamos 

Consuelo en nuestra orfandad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


¡Oh Protectora divina!, 

¡Oh consuelo celestial!, 

¡Oh refugio universal!, 

¡Oh belleza peregrina!, 

Pues del alma medicina 

Sois en toda enfermedad. 

Virgen Santa del Carmelo, etc. 


V.- Ruega por nosotros Madre de Dios del Carmelo

R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.










VIRGEN DEL CARMEN BELLA.


Virgen del Carmen bella,

Madre del Salvador;

de tus amantes hijos

oye el cantar de amor.


DIOS TE SALVE MARÍA

DEL CARMEN BELLA FLOR;

ESTRELLA QUE NOS GUÍAS

HACIA EL SOL DEL SEÑOR.


Junto a ti nos reúnes,

nos llamas con tu voz:

quieres formar de Chile

un pueblo para Dios.


Somos un pueblo en marcha,

en busca de la luz:

guíanos Madre nuestra,

llévanos a Jesús.


Haznos cristianos, Madre,

cristianos de verdad:

gente de fe sincera,

de viva caridad.
















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