Escapulario, Signo de la Consagración interior a María 2
Novena del Carmen
Señal de la Cruz...
Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos.
Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma si Tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Día segundo
¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que por tu singular amor a los Carmelitas los favoreciste con tu familiar trato y dulces coloquios, alumbrándolos con las luces de tu enseñanza y ejemplo de que dichosamente gozaron. Te ruego, Señora, me asistas con especial protección, alcanzándome de tu bendito Hijo Jesús luz para conocer su infinita bondad y amarle con toda mi alma; para conocer mis culpas y llorarlas para saber como debo comportarme a fin de servirle con toda perfección; y para que mi trato y conversación sean siempre para su mayor honra y gloria y edificación de mis prójimos. Amén.
DIA SEGUNDO
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Los Ermitaños Carmelitas - Nueva Cruzada
Éxodo 3, 1-6. 13-14
Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza.»
Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»
Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.»
Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”; cuando me pregunten: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?»
Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.»
Los primeros carmelitas llegaron como peregrinos en el Monte Carmelo para vivir una vida de oración y penitencia. La mayoría, después de haber sido cruzados que quería vivir su vida en la Palestina. Ellos adoptaron un estilo de vida en soledad en el monte Carmelo, cerca de un manantial llamado Fuente de Elías. En la derrota y pérdida de los lugares sagrados, recibieron la inspiración del carisma de vivir en tierra de santidad y la montaña de la vida cristiana, en el amparo se la Virgen del Monte Carmelo, singo de la presencia santa de Dios. Estos primeros eremitas eran en su mayoría laicos (es decir, que no eran monjes o canónigos), que vivían una vida de pobreza evangélica, de penitencia y de oración como una forma de seguir a Cristo.
La regla de vida fue escrita e impuesta a los ermitaños del monte Carmelo en el contexto de una mentalidad feudal en la que domina un señor de la tierra. Pues bien, el Señor de Palestina era Jesucristo, su tierra natal que la posee como Señor de todo y, junto a Jesús, está su madre, María. Las dos figuras, Cristo y María, eran para ellos inseparables. La tierra de Jesús era también para ellos la tierra de María, la Señora del lugar y Madre de los carmelitas. El “vasallaje” que los cruzados occidentales rendían a sus señores se lo ofrecen ahora a Jesucristo y a su madre María.
Benedicto XVI (Ángelus, 16 de Julio 2006):
Letanía de la Humildad
(del Cardenal Merry del Val)
¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser estimado,
Líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado...
Del deseo de ser exaltado...
Del deseo de ser honrado...
Del deseo de ser alabado...
Del deseo de ser preferido a otros...
Del deseo de ser consultado...
Del deseo de ser aprobado...
Del miedo a ser humillado...
Del miedo a ser despreciado...
Del miedo a sufrir reprensiones...
Del miedo a ser calumniado...
Del miedo a ser olvidado...
Del miedo a ser ridiculizado...
Del miedo a ser agraviado...
Del miedo a ser sospechado...
Que otros sean amados más que yo,
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Que otros sean estimados más que yo...
Que, en la opinión del mundo,
otros aumenten y yo disminuya...
Que otros sean escogidos y yo puesto aparte...
Que otros sean alabados y yo desapercibido...
Que otros sean preferidos a mí en todo...
Que otros se hagan más santos que yo, con tal de que yo me haga tan santo como debo...
Oración a Nuestra Señora del Carmen
(Monseñor Ramón Ángel Jara)
¡Oh Virgen Santísima del Carmen!. Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado.
Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David. defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos.
Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación.
Apartad de nuestras ciudades los terremotos incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.
Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.
¡Oídnos pues, Reina y Madre Clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismos amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.
*¡Virgen del Carmen Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti! *
GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN
(Se han rezado en Chile, desde antes de 1837,
sobre todo los días Miércoles)
Pues la eterna Majestad,
Nos dio en Vos tanto consuelo,
Virgen Santa del Carmelo
Válganos vuestra piedad
Dios os salve, gran Señora,
A quien el cielo y la tierra
Por su gran reina venera,
Y reverencia, y honora;
Pues vuestro poder implora
De reina, nuestra humildad.
Virgen Santa del Carmelo
Válganos vuestra piedad
Dios os salve, Virgen Madre,
Tan tierna y tan amorosa,
Que siempre os ven cariñosa
Los hijos del primer padre;
Y pues vuestro pecho abre
Los tesoros de bondad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Eva y Adán, delincuentes
Se hicieron por el pecado,
Y como herencia han dejado
La muerte a sus descendientes;
Pero vos de los vivientes
Sois vida con propiedad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Sois del alma la dulzura
Que la embelesa y encanta,
Y sus potencias levanta
A admirar vuestra hermosura;
Para que nuestra amargura
Temple vuestra suavidad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Vos sois la Ester toda hermosa,
De vuestro pueblo esperanza
Que a librar por Vos alcanza
De la muerte rigurosa;
Y pues sois tan poderosa
Con la Augusta Majestad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
Los hijos de Eva ocurrimos
Y en vuestro amparo esperamos,
En el destierro en que estamos,
Esa patria que perdimos
Que nos alcancéis pedimos
Nuestra amada libertad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
A Vos Madre, suspiramos,
Con gemidos y sollozos,
Porque no puede haber gozos
En el valle en que lloramos;
Y pues por vos esperamos
Consuelo en nuestra orfandad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
¡Oh Protectora divina!,
¡Oh consuelo celestial!,
¡Oh refugio universal!,
¡Oh belleza peregrina!,
Pues del alma medicina
Sois en toda enfermedad.
Virgen Santa del Carmelo, etc.
V.- Ruega por nosotros Madre de Dios del Carmelo
R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
VIRGEN DEL CARMEN BELLA.
Virgen del Carmen bella,
Madre del Salvador;
de tus amantes hijos
oye el cantar de amor.
DIOS TE SALVE MARÍA
DEL CARMEN BELLA FLOR;
ESTRELLA QUE NOS GUÍAS
HACIA EL SOL DEL SEÑOR.
Junto a ti nos reúnes,
nos llamas con tu voz:
quieres formar de Chile
un pueblo para Dios.
Somos un pueblo en marcha,
en busca de la luz:
guíanos Madre nuestra,
llévanos a Jesús.
Haznos cristianos, Madre,
cristianos de verdad:
gente de fe sincera,
de viva caridad.




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